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Historias de la droga matutina

Historias de la droga matutina

Hoy escribo algunos cuentos que envuelven en su capa de leyendas el origen de nuestra más preciada droga matutina. La imaginación se dirige a la memoria de aquellas historias que arrastra esa bebida negra que inunda el estómago y la mente de muchos. Hazte un mejunje mañanero para poder leer esto sin bostezar.

Eso es, escribo sobre el café, esa droga tan potente que nos hace ser un poco más personas humanas (o menos) al despertar.

Hoy podemos disfrutar de una taza de esta bebida sin problemas ni restricciones. Pero durante su larga existencia ha tenido que luchar por sobrevivir contra grupos religiosos, no siendo tarea fácil para tan descompensada batalla.

Nada con certeza se sabe de sus inicios, aunque se cree que su origen está en Etiopía o Arabia.

Cuenta una leyenda (entre varias) que el descubrimiento del café se produjo en las tierras de Abisinia (no es Juego de Tronos, es la actual Etiopía) cuando un pastor observando a sus cabras las vio comer bayitas de un arbusto e inmediatamente después notó a los animales más nerviosos, más vigorosos y excitados. El pastor (empirista curioso) decidió probarlas para saber de buena tinta si el comportamiento de las cabras lo producían esos frutos. Efectivamente, así fue. Sorprendido con el hecho, cogió unas hojas del arbusto (el cafeto) y sus frutos para llevarlos a un monasterio, donde los monjes decidieron cocinarlo, atraídos por las palabras de Kaldi, el pastor. Aquello tenía de todo menos buen sabor y decidieron desprenderse de los restos echándolos  a la hoguera. Cuanto más se tostaba en el fuego, mejor olía… Pueden imaginarse que a partir de esta leyenda (entre muchas) el café comenzó a tostarse antes de consumirse y aparece como lo conocemos hoy.

Otra historia que se me ocurre, ya metidos en faena, es aquella de las personas mahometanas. Está claro que el café ofrece una excitación que este grupo consideraba contrarias al Corán, ya que prohíbe todo tipo de intoxicaciones. Se dice que allá, entre 1522 y 1532, La Meca y El Cairo vieron justificados los efectos del café para su prohibición. Pero sucedió que la popularidad de esta bebida fue tal que se derogó el edicto. Tanto llegó a ser el gusto por esta droga que existía una ley turca que justificaba el divorcio solicitado por una mujer si su esposo no le proporcionaba una dosis diaria de café.

En el siglo XVII ya se había introducido en Europa (por los holandeses) y el rey Gustavo III de Suecia (muy empírico también, como nos gustan), al escuchar las prescripciones que trataban al té y al café como drogas que, tomadas en grandes dosis podrían ser mortíferas, decidió comprobarlo y eligió a dos reos. Al primero le hizo tomar té todos los días y al segundo, café. El proceso fue seguido por un tribunal médico. La resolución fue la siguiente: los primeros en morir fueron los médicos, el segundo el Rey, después el que bebía té y, por último, el bebedor de café.

Esta historia me resulta provechosa para aquellos que piensan que el buen café (no el que domina el mercado en las Islas Canarias) es nocivo para la salud (repito no ese café torrefacto y dañino al paladar que hace que toda la guerra ganada del café parezca un fracaso social). Un buen grano y una buena elaboración resulta muy beneficioso para mejorar el rendimiento físico y, como buen soldado, lucha por prevenir enfermedades gracias a sus nutrientes esenciales, entre sus demás facetas de lucha por mantener el cuerpo sano (que no son pocas).

Entre este inciso se me llena la cabeza de carcajadas acordándome de que el Papa Clemente VIII, que decidió probar el café ansioso de pecado (los cristianos eran reticentes porque era una bebida mahometana), saboreándolo expresó: “esta bebida de Satanás es tan deliciosa que sería una lástima dejar a los infieles la exclusiva de su uso. Vamos a chasquear a Satanás bautizándola y así haremos de ella un bebida auténticamente cristiana”.

¿El café está bautizado? ¿en serio? Es como bautizar una comedia de Plauto, perdería todo su humor. Seguro que sabía mejor antes de ser bautizado, porque, a menudo, el lado oscuro mola más…

Pese a todo esto, la religión protestante no dejó de luchar por su prohibición hasta mediados del siglo XVIII; las personas luteranas no lo miraban bien y en Rusia llegó a ser castigado con torturas y hasta con mutilaciones. He de decir, a título personal, que me gusta saber que un pensamiento por el gusto unido haga ganar batallas y hasta la guerra con una enemiga tan poderosa que es la voz de Dios en todas sus formas.

Pero ni la más poderosa fuerza, después de todo, pudo arrancar el placer que produce una buena taza de la codiciada droga matutina.

Y tranquilo o tranquila, ¡tu café está bautizado!

Sobre el autor

Casilda Viñolo

Barista

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