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Don Pelayo, donde Asturias queda algo lejos

La sensación final es agridulce y no por el postre, que estuvo muy bueno (la tarta de la abuela), sino porque la factura no se ajusta a la mesa ni la crítica que precede invita a presagiar al comensal que estamos ante un establecimiento como hay tantos otros en Santa Cruz de Tenerife y el entorno del área metropolitana. ¡Quizá fue una tarde/noche contagiada, tan fría como el tiempo!

Entrar en el Mesón Restaurante Don Pelayo es hacerlo a una barra repleta tras la que un par de camareros dan la bienvenida con las ganas de quienes quieren trabajar y hacer que el cliente se sienta a gusto y satisfecho de lo que va a consumir y pagar. Es la misma sensación que se lleva en la despedida, tras abandonar un comedor bien dimensionado, agasajador para el comensal y con una barra que sirve de balcón a los camareros.

Don Pelayo se presenta como especialista en cocina asturiana. Por tanto, algo de ella habría que probar y, al parecer, lo mejor de la carta es la fabada. Les quedaba media ración, pero les aseguro que bastó para saciar a dos adultos de esos a los que gusta comer y comer. Los ingredientes, no hay por qué dudarlo, eran los apropiados: chorizos, morcilla, hueso de jamón, panceta curada y las fabes. Esta receta de cuchara tenía que dejarnos un plato brutalmente sabroso, sobre todo si estamos ante el final del caldero, donde se concentra lo bueno, que suele decirse. Quizá la explicación esté en el hecho de que no estaba lo suficientemente caliente como requiere un plato así, sobre todo en un día de lluvia, viento y frío.

Pulpo a la gallega con papas negras era una propuesta que, sobre el papel, parecía muy atractiva. Apetecía. El molusco estaba tratado como debía estarlo, en ese punto que al morder solo aporta sabor al paladar. Sí, con aceite de oliva, sal, pimentón dulce y papas negras. Bueno, admitamos que eran negras, pero no se puede pasar que fueran las alcahuetas del plato. Sí, estaban recalentadas. Un restaurante con el precio de Don Pelayo no debe ni puede servir un plato en tales condiciones. Aún así, fue una propuesta de nota.

Y como estrella de la comanda estuvo el solomillo al queso de Cabrales. Hecho al punto medio y servido junto a unas papas fritas a las que le faltaron un poco de fuego, la carne sobresalió como producto de primera. Lástima que la bañaran en una salsa de queso que no estuvo a su nivel. Y, otra vez, frío en el plato.

Ya es llamativo que la carta esté presentada escrita a mano. Pero solo los platos principales y los entrantes, porque el resto (vinos y postres) aparece debidamente impreso. Esta presunta descuidada presentación de los platos nos centra la atención en conocer y seleccionar entre pan, tomate y jamón ibérico; o un combinado de ibéricos, o jamón o lomo ibérico de bellota, chorizo picante de León, gambas al ajillo, croquetas de queso de cabra, revuelto de bacalao con pimientos, mejillones al vapor, ensalada de tomate, aguacate y ventresca… Y carnes y pescados.

La ficha

Mesón Restaurante Don Pelayo

  • Calle Benavides, 30
  • Santa Cruz de Tenerife
  • Tel.: 922 271 159

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