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El Rubí, una cocina que satisface muchas exigencias

Escribíamos la última vez que El Rubí es “un lugar para repetir y repetir”. Fue en el pasado mayo y aquí estamos otra vez, pero dispuestos a hacerlo distinto. Este restaurante del pueblo marinero de San Andrés sigue ofreciendo auténtico manjar marino y muy buen producto de la tierra, pero la idea esta vez era centrarnos en el marisco.

Y la idea resultó ser altamente satisfactoria. Los mejillones al vapor son una elección segura en El Rubí. Estamos ante una de las preparaciones más sencillas (o simples, según quien escriba) de este elemento marino y, al tiempo, de las que más realzan el sabor de este molusco. El sabor y el olor a mar no deben desaparecer, han de estar ahí para empapar al paladar de este sabroso producto que está brutal al toque de una rodaja de limón. Eso sí, a la mesa sin agua en el recipiente, por favor.

Almejas al limón. De entrada, el producto es garantía de calidad en El Rubí. Su cocina es aquí profesionalidad, conocimiento, experiencia y sabiduría culinaria. El resultado es un plato muy bien surtido, con un molusco que es una exquisitez y una delicadeza. Sin otro aderezo salvo las ganas del comensal de disfrutar de una comanda singular. ¡La cosa promete!

Langostino y gambas completan esta apuesta por el marisco en El Rubí. Ambos crustáceos son un ejemplo de que la cocina bien entendida, esa que se hace para disfrutar y para hacer disfrutar, esa que cuenta con un género que parece estar por encima de la media en la calidad con la que se encuentra por estos lares. Son dos formas de atender al paladar, pero ambas espectacularmente satisfactorias. El langostino, con un punto de sal subido respecto a la gamba, también aporta más “carne”. Lo del sabor depende de cada comensal. La gamba se deshacía en boca y hasta en mano.

La otra mitad de los comensales optaron por algo más usual, simple, sencillo, de esas elaboraciones que nunca fallan, que siempre satisfacen al paladar, aunque unas veces más que otras. Por ejemplo, fritos de queso. No tiene misterio para las manos de un cocinero que lidia con el marisco como lo hacen en el restaurante El Rubí. Dos trozos de queso del país pasados por la plancha sin secarlos y regados con mojos: uno verde, otro rojo. Perfecto.

Uno de los preparados que sirven para evaluar un restaurante, un bar, un guachinche o una casa de comida es la croqueta. En esta comanda elegimos cuatro unidades de pescado y otras cuatro de pollo, servidas con papa natural cortada en lámina y frita. El tubérculo estaba en su punto exacto de sal y, como ocurre cuando la papa no tiene tratamiento industrial previo, no están fritas uniformemente. ¡Estaban deliciosas!

Servidas con alioli (en el caso del queso, también con mermelada), unos churros de pescado completan la comanda de esta parte del grupo de comensales. Un producto que en El Rubí también registra calidad. Muy bien rebozado (no se desprende fácilmente), el comensal sabe que doraditos y calientes ayudan mucho a la salsa y al paladar.

El Restaurante El Rubí destaca por la calidad de su producto, ya sea marisco, pescado o carne; sobresale por su personal, porque son pura profesionalidad, empatía y aportando un trato que ayuda al comensal a sentirse cómodo; y porque su carta es lo suficientemente amplia (87 platos entre los entrantes, las sopas, mariscos, pescados, arroces y pasta y carnes) para satisfacer muchas exigencias. Sume una bodega equilibrada y una relación calidad/precio interesante y estará ante un establecimiento gastronómico de los que hay que tener en cuenta entre los de su nivel.

La ficha

Restaurante El Rubí

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Enlaces relacionados:

Restaurante El Rubí, un lugar para repetir y repetir ( 12-05-2018)

 

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