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Manolo II, donde se cocina el mar

San Miguel de Tajao es sinónimo de pescado. No es la primera vez que lo escribimos porque es una realidad incuestionable. Es ese lugar al que amigos y familia acude de forma recurrente cuando quiere un menú de mar y cuando quiere que no le endosen gato por liebre. Porque aquí el Atlántico deja auténticos manjares siempre frescos, frescos, frescos. Este enclave de Arico vive de la restauración vinculada al océano y el bar restaurante Manolo, hoy Manolo II, es parte esencial de la historia de esta localidad de Arico.

“Porque ganamos todos, nosotros consumimos productos canarios”, es el lema con el que trabajan. Y lo que te venden es la experiencia en mesa más marinera que cualquiera pueda esperar en esta tierra del Sur de Tenerife (bueno, en el límite Sur del Sureste). Buenas papas arrugadas, de esas que absorben excelentes y caseros mojos (rojo y verde, a cual más sabroso), viejas guisadas, pescadito rebozado frito, lapas, pulpo (al gusto), caldo de pescado, arroz caldoso, escaldón, gambas, camarones…

Camarones, para abrir boca con la cerveza fresca de un día caluroso y de mucho trabajo y ya se sabe… el sur es el sur. Empezar así ya es para frotarse las manos, pero si el camarón está en ese nivel de sal que invita a la segunda cerveza o caña… ¡es la gloria!

Chopitos para seguir con una comanda sencilla y simple, de esas que tantas veces se repiten sin que uno termine de cansarse. Sobre todo, si en la cocina saben que el rebozado ha de ser ligero y que el fuego tiene que ser el imprescindible, ese que no rompa la capa de la masa preparada para asumir el limón natural y que esté en el límite sin pasar al crujiente. ¡Bestial!

El escaldón es simple, muy simple, pero sabrosísimo. El comensal debe completarlo al gusto, “decorándolo” con el mojo (da igual el color, esto está como debe estar) o con aceite y vinagre (hay quien dice que está mucho mejor así, por lo que habrá que probar) y, lo que es fundamental: a la mesa llega con mucho calor. ¡Sensacional!

Lapas, lo menos acertado del menú. Sosas, duras y frías, tal vez demasiado.

cherne negro. ¡Cojonudo! O si lo prefiere: ¡de puta madre! Con este plato el cocinero rompió el molde, y eso que su nivel era alto. En la mesa lo comieron hasta los que ya no podían ingerir más. Un sabor suave, suave; una ajada como clave de este preparado, con el toque de laurel y vino, que resaltó la simplicidad del pez en el paladar; a la plancha, rezumando todos los pocos ingredientes necesarios para conseguir este espectacular nivel de preparación.

Naturalmente, esto requiere ser “bautizado” y para ello casi nada mejor que un buen vino blanco de la propia comarca. En nuestro caso, seco. Otro acierto.

El postre, casero (¡faltaría más!), fue el tres leches fresquito, lejos de ser empalagoso y próximo al nivel medio del resto de la comanda.

Hay un punto en todo restaurante que suele estropear el final de la comida: el café. En el Manolo II de Tajao se rompe la costumbre.

Curiosamente, no mata el gusto que dejó una apuesta por la cocina marina en la que es la catedral, quizá, de la restauración de este tipo en el sur de Tenerife, con permiso de Los Abrigos (Granadilla de Abona). Quizá porque Tajao conserva la estructura y el color de pueblo marinero en medio de la aridez de la zona de la Isla más árida.

El bar restaurante Manolo II es el origen de la actividad en esta localidad. Su historia está marcada por idas y vueltas. Hoy vive uno de sus mejores momentos. Es la comida canaria de siempre, con productos de mucha calidad, con la preparación de siempre, una atención perfecta y la esperada relación calidad/precio.

La ficha

Bar Restaurante Manolo II

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