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¿Qué hago contigo?

¿Qué hago contigo?

Está claro que la gastronomía vive un momento memorable. Un dato que lo atestigua: desde todos los ámbitos (particulares, públicos y políticos) se pretende manipularla controlando todo aquello que acontezca vinculado a este subsector o gastando montañas de euros en su supuesta promoción, como hacen empresas distribuidoras, Gobierno de España, Ejecutivos Autónomos, Cabildos y ayuntamientos.

Por estas ínsulas dicen que esto de la “gastro” va bien para el turismo que, queramos o no, es la fuente económica fundamental de estos lares. Ellos aseguran que, incluso, el sector primario canario gana con ello. Ahora, falta saber lo que opinan los grandes distribuidores e importadores como Macro, Carrefour, Alcampo, El Corte Inglés…

Sumemos que, desde hace algún tiempo, padecemos la presencia de informadores supuestamente especializados en la comunicación sobre el buen yantar y en cómo hacérselo (periodismo gastronómico). Han llegado y nos venden nuestras increíbles viandas gastronómicas, las de nuestro propio Archipiélago, ese que ellos descubren ahora. Permítannos la licencia, en su honor, de entender que acaban de descubrir la “gastropólvora canaria”. ¿Por qué? No nos cuadra que nos quieren vender la cocina canaria exclusivamente a los canarios, sí a los de aquí, como si los canarios no conociéramos nuestros fogones, y, por ende, nuestras propias riquezas culinarias. Otra cosa sería que ese esfuerzo lo emplearan en dedicarse a promocionar la gastronomía de estas Islas en los lugares de donde proceden o en otras latitudes donde se desconozca y donde, se supone, les compran sus opiniones. Sí, cobran por ello. Al menos es el aval con el que se presentan por estas tierras.

Otra cuestión que surge es por qué vienen a “hacer las canarias” a estas horas en vez de seguir siendo referentes en sus latitudes. ¿Pasaban por aquí, una segunda juventud o, lo mejor, se creen exploradores? Un mérito que nadie les puede quitar es que donde algunos de los de aquí no hemos podido o sabido encontrar apoyo, ellos sí: en nuestras propias entidades públicas.

Reconocemos el buen trabajo de muchos profesionales del periodismo gastronómico que visitan este paraíso culinario nuestro y que han contribuido y contribuyen a engrandecer nuestro panorama gastronómico y el enológico a todos los niveles. Profesionales a los que siempre estaremos agradecidos. Lo que no estamos dispuestos a valorar es a aquellos que consideran que Canarias es tierna de oportunistas -que no de oportunidades-, despreciando el buen hacer de un buen número de profesionales canarios dedicados a la comunicación porque no accedan a difundir su sapiencia en determinados medios de ámbito nacional.

Lamentamos utilizar estos términos despectivos, nunca ha sido nuestra línea editorial, pero los hay a quienes gusta ejercer de “godos” y a quienes satisface verse como “conquistados”; eso sí, leídos, oídos y bien comidos. Basta ver el relajo y la bobería con la que se mueven y manifiestas en las redes sociales “algunos aterrizados” por estas latitudes últimamente, con la convivencia de “algunos de por acá”, para entender que las reglas que se ha dado el subsector gastronómico en Canarias están demasiado adulteradas.

A eso contribuye, y mucho, un minúsculo grupo de pseudoperiodistas (gastronómicos) del buen yantar que pululan por las Islas, camuflados en redes sociales y medios digitales que poco aportan al prestigio, crecimiento y fortalecimiento de la gastronomía del Archipiélago porque, en realidad, emplean su supuesta información periodística para medrar y vivir de los restauradores, chefs o cocineros e, incluso, de las instituciones públicas y sin aportar ningún valor al subsector.

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