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Maridaje, armonía en el paladar

Maridaje, armonía en el paladar

El significado del maridaje vendría siendo unir una elaboración gastronómica a un vino para realzar el placer al degustarlos. Una cosa así aproximadamente. Pero como dice un amigo, bebo el vino que me gusta con la comida que quiero. ¡Maridaje, dice! Me separé de mi mujer y había un cura por medio. Esos sí saben de vino, que se meten un lingotazo en cada misa. ¡Como para que me digan qué vino tengo que tomar!

¡Bueno! Dejemos a estos terroristas culinarios, que eso no quiere decir que les quite la razón, y sigamos con esto del maridaje.

Los vinos, normalmente, acompañan a una comida y siempre se ha oido que “tinto para la carne y blanco para el pescado”. ¿Si pido una pasta Don Alfredo, qué bebo? ¿Lambrusco?.

Se imaginan. Pongamos un ejemplo:

Entrante

Un paté, pues a tomar vino blanco dulce.

Unas gambas, toca vino blanco seco y ligero.

Primer plato

Sopa de pescado, la acompañamos con vino blanco seco.

Segundo plato

Chuleta de buey saboreada con un vino tinto con cuerpo.

Postre

Tiramisú, volvemos al vino dulce.

¡O comes con cava todo el tiempo, que el cava se atreve con todo!

Más o menos, estos son los consejos que se proponen en este “matrimonio” o “armonía”, que dicen los puritanos.

Si hacemos caso, el reto no es disfrutar de la comida, es mantenerte en pie después de comer, porque con tanta mezcla te quitan el carnet de conducir antes de salir del restaurante.

Esto del Maridaje viene a cuenta de la reacción papilar de las moléculas gustativas. Los japoneses hicieron un estudio en el que determinados vinos tintos, por su contenido en hierro, al comerlos con pescado dejaba un regusto “chungo”.

Josep Roca, del Celler de Can Roca, ya dijo que “no siempre el mejor maridaje es el más idóneo”.

Los consejos, más o menos, vienen siendo:

  • beber primero vino blanco y luego, tinto.
  • vino blanco para pescados.
  • vino tinto para carnes.
  • según la acidez del plato debe ser la acidez del vino.
  • etc etc etc.

Es decir, cada plato según su componente llevaría un tipo de vino.

Después de pensarlo, creo que mi colega tiene razón. Si pido la comida que me gusta y hago lo mismo con el vino, seguro, pero que seguro disfrutaré mucho de ambas cosas, así que en mi modesta opinión, está bien aprender los distintos cánones sociales en lo que a este matrimonio se refiere, pero teniendo en cuenta que el divorcio también existe.

Joder si pido un Teriyaki de atún con un vino tinto ¿acabaré preso?¿Me mirarán mal?¿Será un atentado contra los ideales puritanos de la armonía entre plato y vino?.

En este momento, y para dejarlo aquí, me acordaré de mi abuelo.

“Si la carne está en su punto de cocción y sazón y el vino baja por el gaznate y no me da dolor de cabeza, seguro que disfruto de la comida”.

Como esto es tema de debate, mejor me pido unos calamares a la andaluza y una “birra” bien fría y mi maridaje lo dejo para la morenita que ella me quiere tanto que ni le importa si pido vino o cerveza y si no espabilo al igual me deja sin calamares.

Hagan lo que quieran estén de acuerdo, o no.

Sobre el autor

Alex Marante

cocinero y bloguero

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