La mejor publicidad de un restaurante continúa siendo la recomendación sincera de quienes disfrutan de una buena mesa y saben reconocer la auténtica cocina canaria.
No, no se confundan. Cuando hablamos del boca a boca no nos referimos a salvar a alguien de una muerte inminente por un atragantamiento, un ahogamiento o un infarto. No.
El boca a boca sirve para que muchos de los buenos restaurantes de verdad sigan teniendo clientes y puedan continuar pagando las nóminas de sus empleados. Eso sí, cada vez quedan menos, para desgracia de todos. El boca a boca es el mejor embajador o, si lo prefieren, la mejor carta de presentación de cualquier restaurante, casa de comidas o guachinche que se precie en Canarias.
Comer bien en estas islas no siempre es tarea fácil. Son muchos más los negocios que aspiran a hacerse ricos a costa de sus comensales que aquellos que realmente buscan ofrecer un servicio digno, serio y capaz de ganarse el respeto y la confianza de quienes se sientan a su mesa. En definitiva, que los clientes quieran volver. La relación calidad-precio se ha convertido en un tesoro escaso y difícil de encontrar.
Desgraciadamente, en esta amalgama de ingredientes y sabores que necesita un buen restaurante para conquistar a sus clientes también aparecen los oportunistas mediáticos. Son esos que, desde siempre, han vendido las bondades de establecimientos que únicamente piensan en lo crematístico. Tampoco sería lógico que existieran los unos sin los otros.
Esos de siempre, los que presumen de saber comer, continúan ocupando un importante espacio en algunos medios de comunicación. Sin embargo, en el gran escaparate comunicativo de nuestros días —los «mojos» de las redes sociales— apenas existen o pasan completamente desapercibidos. Aun así, siguen ejerciendo influencia en determinados medios al servicio de quienes solo desean escuchar aquello que halaga sus oídos. Algunos parecen ya auténticos tenores de tanto cantar las excelencias de unos pocos.
¿Dónde quedaron aquellas jornadas gastronómicas de esto o de lo otro, de aquí o de allá, o las organizadas por fulano? ¡Qué tiempos aquellos! Algunos, incluso hoy, todavía siguen comiendo gratis.
Nuestro modesto consejo es sencillo: hagan caso a los amigos de siempre, a los de verdad, a esos que siguen recomendando, de boca en boca, que en casa de fulano preparan un escaldón extraordinario, que la carne fiesta está de película, que el pescado salado parece recién salido del mar, que las garbanzas son memorables y que el vino está de rechupete… y todo ello por cuatro perras.
Las delicatessen déjenlas para quienes aún no conocen nuestra cultura culinaria. Nosotros seguimos disfrutando de las papas arrugadas, el gofio y el mojo. Lo demás será para los entendidos o para los guiris, esos del caviar, las ostras y el champán; esos que aseguran saber comer.
Canarias tiene su propio mar y su propio campo. Ha sido, desde siempre, un cruce de caminos y continentes. Y posee algo todavía más valioso: la sabiduría que el paso del tiempo ha regalado a generaciones de hombres y mujeres que aprendieron a vivir de la tierra, del mar y del día a día.




































