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Tasca El Lebrillo, a donde habrá que volver

“Bienvenidos a la Tasca El Lebrillo, un pequeño rincón donde hacemos cocina canaria con un toque”. Y lo cierto es que el lugar rezuma canariedad, tanto en su ambiente como en su decoración. Es un espacio que invita a estar y a disfrutar. El problema es encontrarlo, porque no es fácil. Y de noche, más aún. ¿Merece la pena el esfuerzo?

Nosotros le contamos la experiencia y usted decida. No es que seamos torpes (que algo, también), pero estuvimos a dos metros de la puerta del establecimiento y dimos marcha atrás porque no lo localizamos. La Tasca El Lebrillo está en una calle sin salida (una referencia para el conductor: busque el número 128 antes de desviarse), frente a un taller y con su acceso casi oculto detrás de un árbol, apenas perceptible en noche de luna llena.

Como contrapartida, casi todo lo demás. Empezando porque nada más acceder sorprende su aspecto y el ambiente que genera (y éramos los únicos comensales). Son pocas mesas, pero estamos en un espacio de esos que en casa definimos como acogedor. De los que te hacen sentir a gusto nada más pisarlo. Y la cuenta te invita a volver, porque la relación calidad/precio no está mal.

Otra sorpresa agradable: la carta, ajustadísima. Ocho entrantes entre los que no falta la tabla de quesos canarios, el queso asado, un variado de croquetas, almogrote y ensaladas, por ejemplo; como platos hay 10 propuestas: solomillos de ternera y cerdo, entrecot y secreto ibérico ((la salsa se sirve aparte, pero hay que pedirla, algo que no supimos hasta el final), hamburguesa de cochino negro, timbal de batata y bacalao, bacalao encebollado, tollos, calamares a la romana y huevos rotos; de postres se ofertan cinco, milhojas de crema, tarta de manzana, otra de queso, coulant de chocolate con helado de vainilla y tarta de limón. Después, otras cosillas fuera de carta.

Garbanzas, que no deben faltar en una cocina canaria que se precie. Servidas en un lebrillo, nos tocó la preparación tradicional, con carne, aunque también las preparan con bacalao. Si usted espera algo espectacular, no, pero sí que la preparación es buena, especialmente para quienes les guste la comida baja en sal y se trate de un plato que suele ser fuerte de sabor. Aun así, no la descarte para su próxima comanda porque la cocina demuestra buenas mañas.

Solomillo de cerdo, servido ya troceado, con un pimiento verde asado y papas naturales (no de las embolsadas y precocinadas) fritas. La carne, muy bien preparada, como se espera, especialmente porque ya se sabe que la de cerdo es de las que nunca falla si en cocina se le da el corte, calor y tratamiento adecuado. Vuelve a faltar el toque de sal, tanto en el tubérculo como en la carne, y tampoco la mesa contaba con ese condimento, para que el comensal se sirviera a su gusto.

La Tasca El Lebrillo promete. Hay materia prima para una cocina que está a un nivel más que aceptable y su carta es un contenedor de lo imprescindible en la cocina canaria porque, además, fuera de ella es fácil encontrarse unas costillas con papas y mojo verde, tartar, una gran tortilla y una buena papa rellena, por ejemplo. Habrá que volver.

La ficha:

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