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Una de nostalgia: ¡oído cocina!

Una de nostalgia: ¡oído cocina!

Cuando uno era un infante, y no me refiero a la casa real, los domingos subíamos al coche del viejito. Era una época sin GPS, ni móviles ni tanta historia como hoy en día. Subidos ahí, íbamos a restaurantes que eran casetas de madera, como en su día fueron (en mi caso) Casa Goyo y Chipi Chipi -les recuerdo que nací en una pequeña isla del Archipiélago canario que lleva por nombre San Miguel de La Palma, La Palma, para los amigos-.

De esos recuerdos de infancia me vienen platos a la cabeza, como los chicharrones de Casa Asterio, aunque su carne de cabra había que probarla; las garbanzas del Chipi Chipi, la carne a la brasa de la Parrilla de Las Nieves, los alfonsiños y los tollos de Casa Goyo… Hoy en día, el codillo del Mesón, el potaje de trigo del Asador del Campesino o el del Bernegal, las morenas fritas en La Cabaña, sardinas de las prohibidas en Casa Tomás…

Algunos de estos locales han desaparecido, pero son de los que me traen recuerdos. No existía esta gilipollez crónica en la que se está convirtiendo este oficio, ni tirábamos de móvil para poner 5 estrellas ni un comentario catalogando cómo se comía en esos lugares, sean de donde sean. Si son de esas quintas en las que no existían estos avances, estoy seguro de que a todos les vienen a la cabeza esos locales a los que acudían en esas épocas de infancia o adolescencia, donde comían y bebían como si no hubiera un mañana disfrutando del momento y deseando que cuando acabará el día volviera a ser domingo.

Los que nos dedicamos a esto deberíamos reflexionar un poco en esta línea y replantearnos por qué nos hicimos cocineros; los que acuden a estas casas donde dan de comer deberían desconectar el móvil por unas horas y disfrutar del momento. Quiero que mis hijos tengan recuerdos de esos lugares donde van a comer y beber (aunque sea un Orange Crush o una Mirinda).

¡Qué años aquellos, qué de chicharrones y carne a la brasa comí! Aún hoy pierdo la cabeza por esas sardinas de las prohibidas y sí, sigo apagando mi móvil de dos a cinco. ¡Me va la nostalgia!

Señores, pueden ir en paz y perdonen por la chapa, ¡Larga vida al rock and roll!

Sobre el autor

Alex Marante

cocinero y bloguero

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