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Para pescado, el restaurante La Pimienta

La especialización es una de las asignaturas pendientes de la restauración en las Islas. Lo usual es que el establecimiento dedicado a ofertar comida disponga de una gran variedad de platos, tanto de carnes como de pescado y hasta veganos, los que más hayan adaptado al mercado sus propuestas. El caso que hoy nos ocupa es excepcional, porque aquí lo único que va a encontrar es pescado. Eso sí, excelente y fresco. Cada día es una sorpresa porque el cliente tiene que elegir entre lo que el mar abastece en esa fecha. El resultado siempre es el mismo porque en La Pimienta saben un rato cómo tratar en el fuego lo que el océano permite que llegue a la cocina.

El restaurante La Pimienta es uno de esos centros gastronómicos de siempre, de los que están en la lista de quienes comen fuera de casa y de aquellos que degustan la comida que elaboran otros esporádicamente. Es una de esas casas de comida venidas a más, que ha crecido notablemente en base al prestigio de su cocina, basada en una elaboración sencilla, simple pero muy ajustada a los cánones de lo que marca la tradición culinaria canaria cuando de pescado se trata. Eso lo complementan en La Pimienta con un buen trato en su enorme sala, con una relación calidad/precio a tener en cuenta y con una atractiva perspectiva panorámica.

No, no se puede comer otra cosa que no sea pescado y el que hay ese día, insistimos. Ni siquiera unas croquetas. Un plato de queso con unas aceitunas y poca cosa más le tocó a uno de los comensales, muy reacio al pescado. Por cierto, la elección del pescado es lo primero que debe hacer el cliente. Lo elige ante una cocina diáfana en la que llama la atención que todo parece funcionar a la perfección, como un engranaje bien lubricado.  Queríamos pescado blanco al uso, pero no había y nosotros nos fuimos a por un salmón canario (salmón del alto o ‘Polymixia nobilis’). Tiene otros nombres en Canarias: tales como lirio, salmón de hondura y barbudo. En España no consta nombre oficial comercial. En inglés es ‘stout beardfish’ y en francés ‘poisson chèvre robuste’ y ‘poisson à barbe’.

Antes, el aperitivo en forma de pulpo. Un par de rejos bien surtidos, perfectamente cocinados, en ese punto que solo se detecta al morder, cuando se hace sin esfuerzo alguno. Un tanto insípido, pero resuelto con el aliño de vinagre y aceite de oliva en mesa, al gusto del comensal. La casa aporta la pimienta verde, cuyo uso queda a criterio del cliente. La verdad es que no hace falta. El caso es que el plato estaba bien surtido y tierno, como se esperaba.

Llegado el salmón, a la plancha, lo que conocemos habitualmente por “espalda”, con su mojo verde y sus papas bonitas arrugadas, la cosa mejoró mucho. Exquisito. Cierto que en la cocina de La Pimienta -como ocurre en casi todas- parecen optar por trabajar con la sal por debajo del mínimo, pero la salsa canaria es un condimento perfecto para solucionar estas situaciones. El tubérculo, redondea el plato. El salmón, en sí, es un pescado de cocción y sabor delicado. Considerado semigraso, si el fuego es excesivo consumiremos un pescado seco, pero si es el justo -como es el caso-, disfrutaremos de una delicia. Muy bueno.

El vino (blanco seco) de la casa y los postres, también, suman valor al resultado de esta experiencia gastronómica a la que solo le faltó el café. No tenían.

El restaurante La Pimienta es un clásico porque se lo ha trabajado. Su especialidad le permite ocupar un espacio en el mercado gastronómico insular y su calidad, hacerlo en un lugar preferente del listado de lugares a los que acudir a comer. Está claro que para pescado, La Pimienta manda.

La ficha

La Pimienta Bar Restaurante

 

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