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Para saborear de verdad, El Mirador de El Corte Inglés

La octava planta del centro comercial El Corte Inglés, aporta a la ciudad un espacio culinario con el plus de una visión del Santa Cruz de Tenerife más marítimo, que no marinero (ese está algo más allá, en San Andrés). La visión del puerto, en su más amplia dimensión, y de una parte de la ciudad más cercana al océano hace de este rincón un lugar singular para disfrutar de un buen almuerzo. Lo hace, además, con el beneplácito de un paladar satisfecho, porque es muy difícil consumir aquí y no salir convencido de que comer es disfrutar.

Ya se sabe que la carta de El Mirador de El Corte Inglés tiene platos que son marca de la casa y que con ellos la comanda estará repleta de sabores: croquetas, ensaladas, bacalao encebollado, una tabla de quesos de Canarias, arroz (especialistas, seguro), pastas, carnes…

En esta ocasión la elección fue muy sencilla y simple: ensaladilla de batata para comenzar. En este “veroño”, este término que prolifera por la redes sociales y que en la sociedad parece comenzar a calar, invita a seguir consumiendo alimentos que aporten frescor. En este caso estamos ante un plato exquisito, superlativo. Bien surtido, con gambas, con el complemento propio de esta receta pero preparado de una forma singular, equilibra notablemente las propiedades de la cebolla, el huevo, la batata, la mahonesa, la zanahoria, el limón… Sorprende.

La segunda propuesta en la comanda fue un arroz a banda, con gambas, langostinos, sepia en dados, así como de rape y un fumet de pescado que inunda de sabor al producto principal. Abundante, es una de las especialidades de la casa. Este es un plato que al comensal le llena siempre porque, además, el chef es consciente de que el sabor debe estar muy marcado, debe ser un conjunto en el que cada uno de sus ingredientes forma una especie de bomba en el paladar. En ese caso, un sabor fuerte, como se espera.

El Mirador de El Corte Inglés tiene otro añadido que aquí hay que resaltar: el postre es un gran placer. Esta vez optamos por helado, simplemente. Vainilla y avellanas, sin más aderezo. Cremosos y con los sabores que deben ser. No hay que pelear con el producto, solo hay que dejarse llevar.

Para terminar, café. Un buen café, una taza que complementa la comanda, no un producto que te destroza el almuerzo. Aquí no es una apuesta arriesgada.

La conclusión a la que llega el comensal, una vez más, es que cuando hay tiempo, cuando se quiere disfrutar de verdad de una comida, cuando la jornada impulsa a saborear, El Mirador de El Corte Inglés es una estupenda elección.

La ficha

Restaurante El Mirador

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