Helados: alimento y placer

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Helados./ M. Expósito
Helados./ M. Expósito

Los helados son uno de los grandes protagonistas del verano. Más allá de ser un placer refrescante, algunos pueden aportar nutrientes de interés y formar parte de una alimentación equilibrada si se eligen adecuadamente y se consumen con moderación.

Con la llegada del verano y el aumento de las temperaturas, el helado vuelve a convertirse en uno de los alimentos más consumidos. Para muchos es un pequeño placer que ayuda a combatir el calor; para otros, un capricho que suele ir acompañado de cierto sentimiento de culpa por su contenido en azúcar o grasas.

Sin embargo, la realidad es bastante más matizada. Los helados no son todos iguales y, dependiendo de sus ingredientes y de la cantidad consumida, pueden formar parte perfectamente de una alimentación equilibrada.

Mucho más que un simple capricho

Los helados elaborados a base de leche aportan nutrientes interesantes para el organismo, entre ellos calcio, proteínas de alto valor biológico y vitaminas como la B2, además de minerales como el fósforo. Estos nutrientes contribuyen al mantenimiento de los huesos y participan en numerosos procesos metabólicos.

Naturalmente, su valor nutricional depende del tipo de helado. No es lo mismo un helado artesanal elaborado con leche fresca y frutas que un producto ultraprocesado con abundantes grasas vegetales, colorantes y aromas artificiales.

Por ello, conviene leer siempre el etiquetado antes de elegir.

No todos los helados son iguales

En los congeladores encontramos una enorme variedad de productos, aunque nutricionalmente pueden agruparse en varias categorías.

Los helados de crema contienen leche, nata y, en ocasiones, yema de huevo, por lo que suelen ser los más cremosos y también los más energéticos.

Los helados de leche mantienen un aporte importante de calcio y proteínas, pero generalmente contienen menos grasa que los anteriores.

Los helados de yogur incorporan las características propias de este alimento y suelen ofrecer un perfil nutricional interesante cuando contienen poca cantidad de azúcares añadidos.

Los sorbetes están elaborados principalmente con agua y fruta, por lo que apenas contienen grasa, aunque pueden aportar cantidades elevadas de azúcar.

Los polos o helados de hielo destacan por su efecto refrescante, pero su composición suele estar basada fundamentalmente en agua y azúcares.

¿Engordan tanto como pensamos?

Una de las preguntas más frecuentes cada verano tiene una respuesta sencilla: ningún alimento engorda por sí solo.

El aumento de peso depende del equilibrio entre las calorías que ingerimos y las que gastamos.

Consumido ocasionalmente y dentro de una alimentación equilibrada, un helado no supone ningún problema para la mayoría de las personas. Incluso las variedades más calóricas pueden integrarse sin dificultad en una dieta saludable si se consumen con moderación y se mantienen unos hábitos de vida activos.

El verdadero problema aparece cuando el helado deja de ser un consumo ocasional y se convierte en un alimento habitual, especialmente si se acompaña de otros productos ricos en azúcares y grasas saturadas.

Cómo elegir un helado de mayor calidad

Cada vez existen más opciones saludables en el mercado, pero conviene dedicar unos segundos a leer la etiqueta.

Los especialistas recomiendan priorizar aquellos elaborados con leche o yogur, que utilicen grasas lácteas frente a grasas vegetales de baja calidad, que incorporen fruta real y que tengan un contenido moderado de azúcares añadidos.

También es recomendable desconfiar de las listas de ingredientes excesivamente largas, ya que suelen indicar un mayor grado de procesamiento.

El auge de los helados artesanales

Durante los últimos años la elaboración artesanal ha experimentado un importante crecimiento.

Muchas heladerías elaboran sus productos diariamente utilizando leche fresca, frutas de temporada, frutos secos, chocolate de calidad o vainilla natural, reduciendo el empleo de estabilizantes y potenciadores del sabor.

El resultado suele ser un producto con un perfil gastronómico mucho más rico y una mejor calidad de sus ingredientes, aunque ello no implica necesariamente que tenga menos calorías.

También existen opciones para todos

La innovación alimentaria ha ampliado enormemente la oferta.

Actualmente pueden encontrarse helados sin lactosa, sin gluten, veganos, elaborados con bebidas vegetales, reducidos en azúcar e incluso adaptados para personas con diabetes, aunque estas últimas siempre deben seguir las recomendaciones de su profesional sanitario.

El mejor momento para disfrutar de un helado

No existe una hora ideal para consumirlo.

Puede tomarse como postre, durante una merienda o como parte de un momento de ocio. Lo importante es que su consumo se integre dentro de una alimentación variada y equilibrada.

Acompañarlo con fruta fresca, frutos secos o yogur natural puede convertir un simple helado en un postre mucho más completo desde el punto de vista nutricional.

Un alimento con siglos de historia

Aunque hoy lo asociamos al verano, el origen del helado se remonta a miles de años atrás. Existen referencias a mezclas de nieve con frutas y miel en la antigua China y en Persia. Posteriormente, estas preparaciones llegaron al Mediterráneo y evolucionaron hasta los helados que conocemos actualmente.

Hoy forman parte de la cultura gastronómica de prácticamente todo el mundo y continúan reinventándose gracias a nuevas técnicas y sabores.

Un placer que también alimenta

Durante años el helado ha cargado con una fama poco merecida. Consumido con moderación y eligiendo productos de calidad, puede aportar proteínas, calcio y otros nutrientes interesantes, además de convertirse en una excelente forma de combatir el calor.

Como ocurre con cualquier alimento, la clave está en el equilibrio. Ni es un producto milagroso ni debe considerarse un enemigo de la alimentación saludable. Elegir bien, disfrutarlo sin excesos y apostar por ingredientes de calidad permite que el helado siga siendo uno de los grandes protagonistas del verano.