Menú

Una de ropa vieja o una de conejo, nuestro último rollito

Una de ropa vieja o una de conejo, nuestro último rollito

Comenzamos año y, aunque uno tiene el estómago como la cabeza de Filemón después de una ocurrencia de Mortadelo, seguro que piensan que los muy cabrones de esta web no traen una idea sana. Pues me regalo mi particular homenaje acercándome al lugar más mágico y placentero que hay por estos lares: mi cocina, haciendo una receta diferente a lo habitual.

Para comer conejo como un auténtico rey de la selva no hace falta ir muy lejos ni complicarse la vida, solo se necesita un lugar donde dar rienda suelta a nuestro lado salvaje, donde tengamos confianza, sin temor a recibir gato por liebre. Seguro que si elegimos bien será un lugar sin gilipolleces. Hay lugares imán, a los que uno siempre aspira volver porque te tratan como dios, disfrutas comiendo sin amaneramientos ni pijotadas y sientes, nada más traspasar el umbral, una ráfaga de calor hogareño que te da un escalofrío en el espinazo y te hace asegurar ¡qué suerte vivir aquí!

Sabrán, y si no se lo cuento, que en estas tierras dos platos de renombre son la ropa vieja y el conejo en salmorejo. Así que un servidor pilló lo mejor de cada casa y construyó un guiso nuevo. ¿Por qué? Porque se puede, porque Escofier está en su pijama de madera y me da igual lo que digan las leyes no escritas de esos gurús gastronómicos. Nuestra receta de hoy es “Ropa vieja de conejo”. Así que vayan y gocen de esa cocina sin bobadas, compuesta por una selección de lo mejorcito de nuestra cesta de la compra, acomodaos con austeridad y brillante sentido del gusto. ¡Así que, si tienen gazuza de cocina de verdad, están tardando! Hagan la receta con la ventana abierta, porque los vecinos disfrutan en la calle y si no hay verbena, se la inventan.

Receta amoldada para poder resolverla fácil en casa.

ROPA VIEJA DE CONEJO Y PANCETA.

2 cebollas.

1 puerro.

1 kilo de garbanzos.

¾ kilos de conejo.

¼ kilo de panceta.

1 pimiento rojo.

1 pimiento verde.

1 cabeza de ajos.

1 cucharada pimentón.

1 vaso de vino blanco.

Tomillo y laurel.

Agua.

Sal y pimienta.

Hebras de azafrán.

Acompañaremos con huevo duro y papas fritas.

Troceamos y doramos el conejo en una olla, lo mismo con la panceta y reservamos. Pelamos y cortamos en juliana, las cebollas, los ajos, el puerro y el pimiento, que pondremos a pochar en una sartén con un poco de aceite. Una vez pochados, añadimos el vino blanco, dejamos al fuego medio unos cinco minutos. Incorporamos los garbanzos precocinados y el resto de los ingredientes, terminando con las carnes. ¡Es para curarse de una anemia!

Lo dicho, aquí defendemos una cocina de andar por casa sembrada de actualidad y raíces tradicionales, guisados a la manera de siempre, pero con una mano del copón.

Uno vuelve y el estilo de la casa se mantiene no solo intacto, sino reforzado, recreado en su propia esencia, elegante, estiloso, culto, una cocina de imposibles, amiga del juego y de los contrastes, que sabe provocar con una sutileza exquisita al comensal. Seguro que se divertirá, porque lo excelso no está reñido con la ironía y el sentido del humor, amplitud de miras y cintura, que en esta casa es norma de cabecera.

Sobre el autor

Alex Marante

cocinero y bloguero

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

catorce − siete =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Suscríbete