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El Bodegón Bonifacio, todo un clásico

Pensar en el norte de Tenerife es pensar en la cocina de siempre. Así que nos subimos al coche, buscamos Calle Los Perales 73, en San Juan, Tacoronte, y para allá que nos fuimos.

El Bodegón Bonifacio puede llegar a ser uno de esos destinos predilectos cuando a uno le preguntan dónde celebrar la vida. Pili Dorta, una guerrera de los fogones, lleva de su mano una cocina de esas que llamarías casera porque, sin duda, es como comer en casa. Junto con Yazmina y Saray en sala -ellas gastan la cortesía y profesionalidad del hostelero de siempre, atento, raudo, sin chorradas ni amaneramientos absurdos-, son fenomenales. Siempre dispuestas a agradar al sediento y al hambriento.

En su carta destaca el pulpo frito, el secreto ibérico y sus solomillos, también clásicos revueltos y queso asado con buenos mojos.

No se les vaya la pinza jamando ese queso o sus revueltos y recuerden dejar hueco en el estómago para el secreto ibérico (jugoso) o el pollo al ajillo, que entran bien escoltados de lechuga tierna y papas fritas de las de verdad verdadera; o para el solomillo, los chicharros fritos o lo que se tercie y les apetezca.

Empezamos con un queso asado, algo que siempre pedimos en este tipo de locales. Sencillo, habitual, pero siempre una buena elección. Si encima el mojo acompaña, ideal. ¡Qué ricura!

Pulpo frito, nos pudo esa tentación que si fuera en época de Adán y Eva seguro sustituiría a la manzana. Su punto exacto de fritura (esa que hace “cras cras”), con papas guisadas y mojo de cilantro. ¡Bendita cocina canaria!

Terminamos con la carne de cabra. Como dice el anuncio: “¡qué suerte vivir aquí!”. Con este plato, Pili demostró su mano para este oficio. Tierna, punto de picor que mola, una salsa en su textura…

Como es sobradamente conocida nuestra devoción por la tradición gastronómica, escribiremos hoy merecidas loas al trabajo que hacen en esta casa porque mola. Hoy los honores son para este equipo del Bodegón Bonifacio por sobrados méritos y por esa capacidad de renovarse y no sucumbir al desaliento, al cansancio y a esa locura de los tiempos raros y de los hábitos esperpénticos; por continuar ahí, batallando sin aliento y sin descanso.

Cuando se avecina marejada, conviene recordar de dónde venimos y hacia dónde vamos. Disfruten y diviértanse, nosotros miraremos los postres después de apurar nuestra copa de vino de la tierra.

La ficha

Bodegón Bonifacio

 

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